Skip to content

Música de la calle


El agradecimiento que solo consiste en el deseo,
es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras.

Don Quijote

Los ojos cruzan sin parpadear. Yo también estuve allí. Me detuve frente a aquel escenario vacío. Me dejé llevar tantas veces por los violines, cerré mis ojos: el piano, las voces, las orquestas, los solistas, la oportunidad de vivir la felicidad que contienen cinco minutos musicales. No habían cortinas ni platea solo una lata o el estuche de cualquier instrumento situado en el inventado proscenio. 

Tienen horario y días específicos para alegrarnos el alma. Prohibido estar en los barrios de ricos, como si a estos la música no les conmoviera. Se les acusa de hacer ruido a pesar de que animen el negocio más cercano. 

Corremos al trabajo. Se nos hace tarde para una cita y estamos apurados. El tiempo no alcanza para una canción. La ultima discusión, la perdida de un amigo, el otro que se va y no dijo adiós, absolutamente todo puede cambiar cuando vemos llegar a estos locos con sus guitarras en mano, el carrito de hacer compras con una bocina instalada, el micrófono colgando en el hombre y el corazón en la mano.

¿Por qué hacer música en los rincones de las ciudades?

Es una manera de no abandonar lo que soy. Nací con el arte en mis venas, pero no fui a la escuela, aprendí con amigos en las tardes, le puse tantos deseos que lo logré… El otro lado es agradable, ver la gente cuando a veces se conectan y se detienen unos minutos. Los músicos como yo sin escuela no tenemos muchas oportunidades. Vivimos pregonando. El club se cierra, dejar un número de teléfono y esperar que un día te llamen, puede funcionar…..

Foto de portada: Helen Martínez

 

helenElena Martínez, artista visual

El destino y mi voluntad me pusieron diversos caminos dentro de la hermosa locura del arte.

Be First to Comment

Deja un comentario