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Parejas binacionales: Historias de amor sin fronteras

¿Qué es eso de enamorarse de un alemán? ¿Cuál es la diferencia? Es más, ¿hay alguna diferencia?

Casi todos nosotros tenemos una imagen fría y calculadora de los alemanes. Creemos que todo lo planean, hasta el amor. Estamos seguros que con ellos es demasiado cuadriculado y que no hay manera de entrar en ese perfecto cubito de hielo que llaman corazón. ¿Pero es eso cierto? Aquí les comparto un pedacito de nuestra historia que demuestra que el amor es en realidad políglota y no necesita un Aufenhaltstitel.

Nos conocimos cuando yo vine por primera vez a Alemania pero no fue sino hasta la tercera vez que decidimos darle la oportunidad al amor. Antes para él solo existían dos clases de latinas: las voluptousas, que bailan en los videos de reguetón y que buscan un esposo rico que les permita una vida sin trabajar y las caderonas, madres de 10 hijos de diferentes papás. No había término medio.

Para mí la imagen de los alemanes no era algo mejor. Antes de llegar aquí me los imaginé todos altos, rubios y ojiazules. Todos deberían tener nombres como Augustus o Helmut que muy probablemente se vestían con “Lederhosen”. No conocían ninguna otra comida diferente a las salchichas y que el amor para ellos significaba algo así como: “Gertrud, wo ist mein Bier?”.

Bonita sorpresa nos llevamos él y yo…

Él definitivamente no es el típico alemán, ¿quién lo es? Marcus se pone calcetines disparejos todos los días, habla duro, es decir, alto y siempre llega tarde a las reuniones sociales. De hecho, soy yo la que tiene que recordarle sobre citas.

Yo soy una mujer desinteresada por la moda, apasionada por la ingeniería y que a duras penas baila salsa. Fuimos la gran prueba de que el mundo se mueve con prejuicios sin validez y terminamos enamorándonos de las excepciones a la regla.

Para ser sinceros “Ich liebe dich” no es lo más romántico que he escuchado en mi vida, si hay algo que he aprendido de esta loca relación es que aquí las cosas no se demuestran con regalos o palabras, ya que hay tres idiomas en juego sino con acciones. El alemán es extremadamente detallista y prefiere las cosas hechas a mano que requieren de esfuerzo. Es más importante comer la “Vesper” juntos y compartir el tiempo libre en asados y paseos en bicicleta, que comprar joyas o flores.

Aunque me sigue pareciendo un sacrilegio que Marcus le ponga ketchup a la arepa, me he dado cuenta que para convivir con un alemán solo se necesita mente abierta y un calendario. Pues, ¡qué coincidencia! Creo que en todo el mundo eso se llama AMOR.

 

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Imagen: “Kiss” de Leo Hidalgo


joJohana Forero Rondón

156 centímetros de 100% café colombiano y pure Canadian Maple Syrup.

10 Comments

  1. Me ha encantado Johana, tienes razón, “el mundo se mueve con prejuicios sin validez”… yo quiero probar las arepas con mayonesa juas juas

  2. nelly nelly

    si el amor puro no tiene fronteras

  3. Darío Augusto Saboyá Darío Augusto Saboyá

    Ese es el verdadero amor, sin perjuicios, sin abolengos y sin un resto de majaderías estúpidas, los Felicito de corazón.

  4. Indudablemente mi Joha, amar a un alemán te cambia la perspectiva del mundo, al suelo se van como lo haces entender, todos esos conceptos preconcebidos que rondan en el mundo exterior, la igualdad, el respecto, y la entrega sin limites no solo a su pareja sino a sus hijos deja ver lo diferente que son, aunque dejemonos de bobadas y aceptemos que esa fama de cuadriculados no es gratis! algo de rallitas si tienen!

  5. Isa Isa

    Linda Johana, me alegra saber que tu historia ha salido bien, pero permiteme decir que es mas bien una excepcion, aunque deben haber otras parjejas funcionales, sobre todo entre los jovenes de mentalidad abierta como tu y tu chico…

  6. Johana Forero Rondón Johana Forero Rondón

    Hola a todos,

    muchisimas gracias por tomarse el tiempo de leer mi experiencia.

    @Noeliaclara26noelia, ni lo intentes, no cometas ese error, las arepas son mas ricas con mantequilla y sal.

    @Darío Augusto, Saboyá mil gracias.

    @Yolanda Hecht, gracias por tu comentario. Tu misma has tenido la experiencia de formar una familia con un aleman, y te has podido dar cuenta que son mas tiernos de lo que parecen. Lo que nos falta aceptar a nosotras es que con el tiempo aprendemos a ser rayitas. 🙂

    @Isa, gracias por compartir tu opinion. La verdad no creo que sea una excepcion, he conocido muchas parejas binacionales que aprenden a quererse tal y como son y que se dan cuenta que los prejuicios no son del todo cierto. Claro esta que hay relaciones que no funcionan pero no creo que en ese caso el punto de que la otra persona venga de otro pais tenga la culpa de la situacion. Tal vez, este cuento de las parejas binacionales no tenga que ver con ser joven sino que el mundo es ahora muy pequeno y nos podemos dar cuenta mas facil que todos los humanos somos iguales. 🙂

  7. Trepolera Trepolera

    Me siento tan identificada sobretodo con esta frase “Fuimos la gran prueba de que el mundo se mueve con prejuicios sin validez y terminamos enamorándonos de las excepciones a la regla” El amor cuando es real no mira nacionalidad, cultura, idioma… No te pregunta por tu pasaporte o si tienes visa.. Simplemente surge porque todos los humanos somos iguales y nos movemos por sentimientos.

  8. Me gustó muchisimo la forma en que contaste tu historia. Me robaste más de una sonrisa. Y es verdad lo de los “estereotipos”. Mi marido es alemán y yo argentina… Y yo me siento que soy más alemana que él! Jajjajaja

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