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Karely: Todo sobre mi llegada a Alemania

Cuando era pequeña soñaba como muchos con un lugar mágico en donde pudiera realizarme como persona, aun cuando no sabía realmente lo que eso significaba. Por ese entonces, veía Heidi y me envolvía en la historia de la niña solitaria, llena de amor que llega a donde su abuelito, a cambiarle la vida entre los bellos paisajes de Los Alpes. Fue ahí cuando empezó mi viaje a Alemania, con mis pensamientos.

Mi sed de Alemania

Me fascinaba la historia de este país. Crecí al tiempo que escuchaba relatos acerca Hitler y la Segunda Guerra Mundial, el flautista de Hamelín, de Bavaria y sus trajes típicos, de los muros que se derrumbaban cuando apenas era una niña, entre muchos otros. Leía enciclopedias o pedía libros prestados.

En aquellos días apenas era conocida la internet; la gente se conectaba por tiempo limitado. Yo obviamente optaba por chats internacionales llenos de alemanes, que me pudieran ayudar a practicar mi „alemán“ y a conocer un poco más afondo su cultura en general.

En la universidad en mi natal México estudié 5 semestres de lengua alemana. Luego se presentó la oportunidad de viajar al otro lado del charco. El primer lugar que conocí fue, como para muchos latinoamericanos, Frankfurt. No podía creer que estaba caminando sobre el mismo suelo que Heidi alguna vez pisó, obviamente en sentido figurado…

El arribo

Llegué súper optimista, con mis libros de alemán y mi diccionario en mano. Ya lo había estudiado más de dos años y era una buena alumna, así que me sentía preparada y hábil para comunicarme en ese idioma. De esta manera, Denkst du Püppchen und ätschibätsch funcionaron como golpes a mi ego emocionado, al darme cuenta que de diez palabras que intercambiaba con los germanos tan sólo entendía dos o tres…

Por otro lado, todo el tiempo me llenaba de nervios preguntar información, intercambiar frases, sobretodo porque en México me llenaron la cabeza de cosas negativas sobre este país, que reconozco que ha sido, hasta la fecha, muy generoso conmigo.

Todo era hermoso: los árboles; la gente tan diferente y diversa en comparación con México; la cantidad de autobuses y de metros que había por las calles, etc. Con anterioridad solía imaginar el primer mundo lleno de ciudadanos ricos, con dos o tres sirvientes y casas enormes… Para mi asombro, en Hannover había visto, en pocos días, más departamentos de los que jamás vi en la ciudad en la que había vivido en México; allá la mayoría de las personas viven en casas.

Aprendiendo…

Una mejores sensaciones que me trajo venir a Alemania fue el haber arreglado yo misma el viaje y que hubiese klappeado bien… Acá pude moverme con facilidad desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, haciendo uso del transporte público.  En mi país eso es muy escaso; pues aunque existen metros y autobuses, por lo regular no son utilizados en los aeropuertos como conexión directa a la ciudad. A partir de lo anterior, comprendí rápidamente que la cultura de los europeos estaba basada es hacer las cosas más fáciles para todos, en buscar el bien común que beneficie a la mayoría de los ciudadanos, en comparación con mi país natal en donde cada individuo piensa solamente su propio beneficio.

A mí nada me importó: ni la lejanía, tampoco las complicaciones que tuve durante el viaje, ni siquiera la pérdida de mi maleta más valiosa. Todo me era de repente banal, al lado de la sensación de estar pisando por primera vez suelo alemán. Venía persiguiendo un sueño, quería conocer a fondo una cultura que me parecía muy interesante y quería mejorar el idioma que tanto me encantaba.

Entre mis primeros aprendizajes estuvo el coleccionar el Pfand. Me asombró que en México las botellas vacías fuesen simplemente un montón de basura, mientras aquí se les reciclaba. Entonces aprendí a clasificarlas y a separar el papel del plástico, la basura normal de la orgánica, y hasta pude reconocer en las calles contenedores inmensos que recolectaban vidrio viejo o ropa para “los países tercermundistas”.

Ante todas estas novedades, mi reacción habitual era quedarme con la boca abierta. En una ocasión dejé unas gafas de sol en un restaurante; eran mis favoritas. Yo no podía creer que las personas devolvieran los objetos encontrados, así de simple. Fui al siguiente día al local, a preguntar por mis gafas, y allá estaban. Definitivamente viví una experiencia que no puedo describir, estaba tan agradecida y dichosa que cada día que pasaba me enamoraba más de Alemania.

Nunca imaginé que en mi futuro también pertenecería aquí. Luego de varios años viviendo en este país, no tengo duda alguna de que lo que se desea con intensidad  sucederá. Así ha sido mi historia en Alemania, después de que llegara a ella por primera vez.

 

Texto: Karely Valdés
Imagen de portada: Laia Lloret

8 Comments

  1. criseidita@me.com criseidita@me.com

    Tu eres mi inspiración, eres la prueba de se puede llegar hasta el fin del mundo. Eres un orgullo para mi .

  2. Mafercilla Mafercilla

    Que hermosa historia, dejas mucho para reflexionar con tus palabras

  3. Me recuerda mucho cuando me fui a Londres. Me sentí igual que tú 🙂
    Por cierto, empezamos juntas en el alemán 🤓

  4. Mercedes Mercedes

    Que lindo me encanto tu historia amiga. Yo tambien Amo alemania

  5. que hermosa experiencia y se hizo realidas un sueño desde tu niñes feliz estancia en el pais de tus sueñosDios te bendice siempre.

  6. Nadia Schreiber Nadia Schreiber

    Amiga para mi también eres una inspiración 😘

  7. De regreso a escribr, Karely. Has empezado con el pie derecho una vez más. ¡Felicidades y éxito!

  8. DIana DIana

    Linda historia y sigue escribiendo de tu experiencia enriquece poder leer tu proceso!

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